La ciencia paraguaya del campo también tiene rostro de mujer. Entre potreros, establecimientos ganaderos y jornadas de trabajo de campo, la médica veterinaria Ana Carolina Cabañas Ramírez ha convertido la observación, la curiosidad y el compromiso con la producción animal en herramientas para generar conocimiento con impacto directo en el desarrollo del país.
Actualmente es docente técnica de la filial concepcionera de la Facultad de Ciencias Veterinarias de la Universidad Nacional de Asunción (FCV-UNA). Su destacada labor fue reconocida con el tercer puesto de la Categoría Estímulo, en la línea de investigación Ciencias Agrícolas y Veterinarias, durante la primera edición del «Premio Mujeres Paraguayas en la Ciencia – Edición 2025». Este galardón, organizado por la Dirección General de Investigación Científica y Tecnológica (DGICT-UNA) con el apoyo de la Casa de la Integración CAF, del Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe, pone en valor el trabajo de mujeres que amplían las fronteras del conocimiento para resolver problemas concretos de la sociedad.
La ciencia al servicio del sector productivo
Para Ana Carolina, la misión investigadora comienza en el lugar donde la ciencia y la producción se encuentran: el campo. Su línea de trabajo se centra en las patologías que afectan al ganado bovino de carne y en la implementación de estrategias de medicina preventiva para reducir pérdidas productivas y mejorar la sanidad animal. A través de necropsias realizadas directamente en los establecimientos, busca identificar las causas de mortalidad y generar información que facilite decisiones oportunas para proteger al resto del hato.
Su labor responde a una realidad que preocupa al sector pecuario nacional, ya que las enfermedades parasitarias, las diarreas y las pérdidas reproductivas continúan afectando la productividad. Por ello, fortalecer la medicina preventiva significa también proteger la economía de los establecimientos y contribuir al crecimiento de los índices de producción.
La investigación no se limita al diagnóstico, sino que apuesta por la biotecnología. La profesional considera que acciones como la identificación individual del animal y la incorporación de inteligencia artificial representan pasos fundamentales para construir registros confiables. El gran reto, reconoce, consiste en acercar estas innovaciones a quienes producen a pequeña y mediana escala, sector que concentra una parte importante del rodeo nacional y que aún enfrenta limitaciones de acceso.
Su experiencia también abarca la medicina de pequeños animales, ámbito donde observa el aumento de enfermedades como la leishmaniosis y la ehrlichiosis en el departamento de Concepción. Este escenario exige diagnósticos cada vez más oportunos y tratamientos que incorporen avances científicos sin perder de vista el bienestar animal.
Asimismo, está convencida de que la sanidad va de la mano con la nutrición y la sostenibilidad. Por un lado, una alimentación adecuada desde la gestación determina gran parte del potencial del animal; por el otro, promueve sistemas de producción regenerativos que conservan la calidad de los suelos, reducen el uso de medicamentos y fortalecen una ganadería amigable con el ambiente.
Docencia y proyección a futuro
Su vocación científica se complementa con la enseñanza. En la FCV-UNA, involucra al estudiantado en trabajos de campo, necropsias y muestreos, transformando cada caso en una oportunidad de aprendizaje y en una valiosa fuente de información. Actualmente, proyecta desarrollar una base de datos con indicadores productivos y reproductivos de los establecimientos ganaderos de Concepción, herramienta que considera esencial para fortalecer la planificación del sector.
Abrir camino donde antes había barreras

Aunque hoy es una investigadora premiada, construir ese camino no fue sencillo. La medicina veterinaria de campo sigue siendo un espacio con fuerte predominancia masculina, donde las mujeres enfrentan barreras culturales, estereotipos y condiciones laborales poco adaptadas. Sin embargo, estos desafíos fortalecieron su determinación. Haber iniciado su experiencia profesional desde la etapa estudiantil le permitió ganarse la confianza de gran parte del sector productor, que hoy requiere su trabajo constante.
Aunque la veterinaria no fue inicialmente la carrera que imaginó estudiar, crecer en estancias junto a su familia despertó una conexión profunda con el campo. Para ella, las mujeres aportan una mirada sumamente valiosa a la ciencia agropecuaria: la capacidad de observar cada detalle, interpretar fenómenos desde distintas perspectivas y transformar la experiencia cotidiana en conocimiento científico enriquece la investigación.
Cultivar curiosidad
Consciente de su rol al abrir camino para las nuevas generaciones, anima a niñas y jóvenes a no renunciar a sus sueños por los estereotipos. Les recomienda cultivar la curiosidad, participar en voluntariados, construir redes de contacto desde la universidad, aprender idiomas y aprovechar cada oportunidad de formación, ya que la investigación necesita profesionales preparadas y comprometidas.
Su gran sueño es un futuro donde más mujeres lideren proyectos científicos, ocupen espacios de decisión y encuentren en la academia el impulso para investigar desde los primeros años. En cada recorrido por el campo, en cada diagnóstico y en cada estudiante que acompaña, Ana Carolina Cabañas Ramírez confirma que el desarrollo del Paraguay también se construye desde la mirada de mujeres que investigan, enseñan y trabajan para que la ciencia llegue donde más se necesita.
Por: Lic. Viviana Orrego (viorrego@rec.una.py)
Edición: Lic. Juan Paciello (jpaciello@rec.una.py)

