Con más de tres décadas de trayectoria, el MSc. Ángel Basilio Ibáñez Mendoza —docente e investigador de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad Nacional de Asunción (FACEN-UNA)— se posiciona hoy como evaluador internacional de calidad de la Fundación Iberoamericana para la Gestión de la Calidad (FUNDIBEQ), en España. Su recorrido es un ejemplo del impacto global de la universidad más grande e importante del país, cimentado en un proceso de aprendizaje continuo que abarca desde una sólida formación académica y una vasta experiencia en la industria corporativa, hasta una visión crítica sobre la innovación tecnológica, culminando en una filosofía de enseñanza enfocada en el lado humano.
El aprendizaje continuo como motor de excelencia
Para alcanzar este rol de evaluación bajo estándares internacionales, la base universitaria fue clave. Con su licenciatura en Tecnología de Producción por la FACEN-UNA y una maestría en Ingeniería de Producción (en colaboración con la Universidad Federal de Santa Catarina, Brasil), Ibáñez sostiene que la educación superior le permitió desarrollar un pensamiento estratégico. «Los primeros pasos en la universidad representaron el desafío de superar una sólida formación en ciencias básicas para luego comprender cómo diseñar, controlar y optimizar sistemas productivos eficientes», recuerda. Esa capacidad de adaptación lo impulsó a seguir especializándose en proyectos, alta gerencia, calidad e innovación a lo largo de toda su vida.
De la industria corporativa a la cultura organizacional
Todo ese bagaje académico encontró su campo de prueba en el sector privado, mucho antes de su plena dedicación a la academia. Durante casi veinte años, ejerció gerencias de calidad y de planificación y control de la producción en industrias farmacéuticas y gráficas. Esta inmersión corporativa le enseñó que el éxito de cualquier proceso depende, ante todo, de fomentar una cultura basada en el trabajo colaborativo y la mejora continua. Al respecto, afirma con total convicción: «Las transformaciones más importantes no ocurren en las máquinas ni en los sistemas, sino en las personas».
La innovación tecnológica frente al futuro
Precisamente, al poner el foco en el factor humano, su perspectiva sobre el avance de las nuevas herramientas adquiere un matiz particular. Para Ibáñez, innovar implica cuestionar constantemente los propios procesos, un desafío que las universidades deben asumir para estrechar vínculos con el sector productivo. Ante la irrupción de la inteligencia artificial y la automatización, sostiene que quienes ejerzan la profesión en el futuro deberán combinar competencias tecnológicas con pensamiento crítico, creatividad e inteligencia emocional, entendiendo siempre a la IA como un instrumento de apoyo y no como un sustituto del talento humano.

Formar a la persona detrás de la profesión
Esta convicción sobre el valor irremplazable de las personas es el eje central de su labor actual como docente en carreras como Tecnología de Producción, Biotecnología, Logística y Diseño Industrial. Su meta en las aulas es formar líderes con empatía, capaces de afrontar desafíos con resiliencia y de convertir cada error en una oportunidad de crecimiento. Así, su filosofía profesional se resume en la sigla ARE: «Aprender, Reír y Enseñar», una invitación abierta a las nuevas generaciones de la UNA para atreverse a innovar y compartir el conocimiento en la construcción de un mejor futuro.
Por: Lic. Viviana Orrego (viorrego@rec.una.py)
Edición: Lic. Juan Paciello (jpaciello@rec.una.py)
