La reciente obtención del tercer puesto en la categoría Trayectoria del Premio Mujeres Paraguayas en la Ciencia 2025 pone de relieve el trabajo de la Dra. Juliana Moura Mendes. Este galardón visibiliza sus investigaciones enfocadas en utilizar la biodiversidad local para desarrollar compuestos contra hongos nocivos para la agricultura y la salud. A este aporte en el laboratorio se suma una extensa labor dedicada a la gestión institucional y a la consolidación de redes de conocimiento a nivel iberoamericano. Sin embargo, su experiencia también evidencia las barreras de género y las limitaciones estructurales que aún enfrentan quienes hacen ciencia en el país. Frente a este contexto, la profesional proyecta un mensaje orientado a motivar a las nuevas generaciones a resolver problemáticas nacionales.
Un reconocimiento a la ciencia local
La Dra. Moura Mendes es farmacéutica y bioquímica formada en la Universidad Federal da Paraíba, de Brasil, e investigadora del Centro Multidisciplinario de Investigaciones Tecnológicas (CEMIT-DGICT-UNA). El galardón obtenido destaca más de una década de trabajo ininterrumpido.
El tercer puesto en el Premio Mujeres Paraguayas en la Ciencia visibiliza su dedicación a la micología, que es la rama de la biología enfocada en el estudio de los hongos, y al análisis de productos naturales.
El potencial de la biodiversidad
La dedicación al estudio de la micología condujo a la científica a liderar el grupo BioProsNat del CEMIT-DGICT-UNA, desde donde busca frenar una amenaza sanitaria global: la resistencia a los antifúngicos, es decir, la pérdida de eficacia de los medicamentos utilizados para tratar infecciones relacionadas a los hongos.
Para contrarrestar este fenómeno, la experta señala que «los productos naturales ofrecen una fuente inestimable de compuestos con mecanismos de acción innovadores». Su método se sostiene en la taxonomía polifásica, un sistema que combina el análisis de la forma, la genética y la química para clasificar microorganismos con extrema precisión, ya que, en sus palabras, «no podemos aprovechar biotecnológicamente ni proteger aquello que no sabemos identificar con exactitud».
Este rigor metodológico le permitió patentar en Brasil una composición a base de alfabisabolol y cloruro de sodio para neutralizar al Fusarium, un hongo destructivo causante de graves pérdidas en cultivos agrícolas. Paralelamente, el equipo avanza en la identificación de moléculas contra el Sporothrix, el microorganismo responsable de la esporotricosis, una infección crónica de la piel y los ganglios que afecta de manera severa a personas y animales.
Construcción de redes e instituciones
A la par de esta búsqueda de soluciones concretas en el laboratorio, la investigadora sostiene que «no se trata solamente de hacer ciencia, sino también de ayudar a construir el sistema científico que necesitamos». Con esta premisa, desde 2020 impulsa la Colección de Cultivos de Microorganismos de la UNA (CCM-UNA PY), que se convirtió en la primera de Paraguay en integrar la Federación Latinoamericana de Colecciones de Cultivos (FELACC), donde hoy ocupa la vicepresidencia para reducir la dependencia de muestrarios extranjeros.
Su vocación por fortalecer a la comunidad académica se refleja, además, en la coordinación de la Red Iberoamericana de Investigadores en Micología (RIIMICO) —que pasó de setenta fundadores en la UNA a más de doscientas personas especialistas de quince países—, así como en su labor en la gestión investigativa del CEMIT-DGICT-UNA y su histórico rol para lograr la indexación de la Revista Investigaciones y Estudios (RIEUNA) en la base internacional Scopus.


Desafíos estructurales y de género
El camino para consolidar este sistema y alcanzar estos logros internacionales evidencia obstáculos que aún persisten en el país. Como integrante del comité ejecutivo de la Organización de Mujeres Científicas para el Mundo en Desarrollo (OWSD-UNESCO) en Paraguay, la experta advierte que, a menudo resulta necesario demostrar más capacidades para recibir valoración profesional.
Además, señala que la maternidad aún se evalúa en desventaja frente a la paternidad en las trayectorias académicas, por lo que afirma: «Necesitamos normalizar la maternidad y considerar estos períodos de forma equilibrada en la evaluación científica». Estas brechas de género se suman al principal cuello de botella del sector, que no es la falta de talento, sino la ausencia de un financiamiento sostenido para llevar los descubrimientos hasta una aplicación real; aunque destaca como un avance que la participación femenina en el Sistema Nacional de Investigadores (SISNI) ya alcanzó niveles similares a la masculina.
Respuestas a problemáticas nacionales
Frente a estas dificultades estructurales, la investigadora transforma su experiencia en una invitación directa para que quienes se inician en la farmacia y la bioquímica se sumen a campos históricamente desatendidos, como el de las enfermedades fúngicas. Les recuerda que, aunque la carrera científica es sumamente exigente, ofrece la posibilidad de resolver necesidades locales con base en el propio conocimiento.
Con el ánimo de alentar a las futuras generaciones a tomar este camino, sintetiza su visión de impacto: «Pocas cosas son tan gratificantes como dedicar la ciencia a buscar soluciones para problemas que son nuestros», reflexionó.
Por: Lic. Viviana Orrego (viorrego@rec.una.py)
Edición: Lic. Juan Paciello (jpaciello@rec.una.py)
Fotografías: Gentileza
