La ingeniera agrónoma Andrea Alejandra Arrúa Alvarenga, investigadora del Centro Multidisciplinario de Investigaciones Tecnológicas de la Universidad Nacional de Asunción (CEMIT-UNA), obtuvo el primer puesto en la categoría Ciencias Agrícolas y Veterinarias del premio “Mujeres Paraguayas en la Ciencia 2025”. Su labor científica se enfoca en conocer a fondo el mundo de los hongos y las micotoxinas para prevenir los riesgos que representan para la alimentación, la salud humana y animal.
Egresada de la Facultad de Ciencias Agrarias (FCA-UNA) y con estudios de maestría y doctorado en Parasitología Agrícola por la Universidad Autónoma Agraria Antonio Narro de México, la científica dedica su carrera a estudiar organismos que están mucho más presentes en la vida cotidiana de lo que imaginamos. Como explica la investigadora, los hongos pueden encontrarse en el pan, los alimentos, las paredes o hasta en el aire que respiramos. Si bien algunos son utilizados para producir alimentos y medicamentos, otros causan enfermedades en los cultivos y generan sustancias tóxicas capaces de contaminar lo que consumimos.
Del laboratorio a la mesa
El trabajo de Arrúa conecta directamente la investigación con una preocupación cotidiana: qué tan seguros son los alimentos diarios. Una de sus líneas principales de acción se centra en las micotoxinas, sustancias producidas por ciertas especies de hongos que pueden contaminar las cosechas desde el cultivo hasta su etapa de almacenamiento y comercialización. Estas toxinas tienen el potencial de afectar los riñones, el sistema inmunológico, el aparato gastrointestinal e incluso causar cáncer.

Entre sus estudios destaca el análisis de micotoxinas en productos comercializados en Paraguay, incluida la leche de fórmula infantil. Esta línea tuvo una fuerte motivación personal: el nacimiento prematuro de su hija y la necesidad de alimentarla con fórmula despertaron su interés por conocer la inocuidad de estos productos. “Me llevó a preguntarme qué tan seguros eran los alimentos que ofrecíamos a nuestros bebés”, recuerda.
Los resultados permitieron identificar micotoxinas en algunos alimentos locales, evidenciando la importancia de fortalecer el monitoreo. Para la científica, garantizar esta inocuidad involucra tanto a la industria como a las autoridades encargadas de proteger a la población consumidora. “La seguridad de nuestros alimentos no debería ser un privilegio, sino una garantía para la población”, afirma.
Además, su investigación comprende el estudio de hongos del género Fusarium, que afectan cultivos estratégicos como el trigo y comprometen la calidad de los granos para la comercialización agrícola. Asimismo, explora posibles riesgos de contaminación en productos de consumo tradicional como la yerba mate, generando información clave para mejorar su calidad.
Ciencia paraguaya para responder a desafíos nacionales
La dimensión social de su trabajo alcanza también a comunidades indígenas del departamento de Boquerón. Allí participó en una investigación sobre hábitos alimentarios, donde logró identificar diferentes toxinas en algunos alimentos de la zona. Estos resultados plantean la necesidad de mejorar las prácticas de conservación y almacenamiento de la comida, siempre con el respeto a las costumbres y la identidad cultural de las comunidades.
A nivel interinstitucional, la investigadora impulsa desde el CEMIT-UNA el proyecto “MYCONET Paraguay”, una iniciativa para articular las capacidades de laboratorios y profesionales, fortaleciendo así la detección y vigilancia de micotoxinas en alimentos y forrajes. “Tenemos el talento humano necesario; el desafío es unir esfuerzos y fortalecer nuestras capacidades”, sostiene.
Legado y visión a futuro
Integrante del Nivel III del Sistema Nacional de Investigadores del Paraguay (SISNI), Arrúa reconoce que construir una línea de investigación y sostenerla en el tiempo fue uno de los mayores desafíos de su carrera. En ese sentido, destaca que acompañar al estudiantado y a profesionales en formación es una parte esencial de su legado científico.
A las jóvenes que desean dedicarse a la ciencia, les recomienda trabajar con honestidad, ética y perseverancia, sin perder la pasión por lo que hacen. “El verdadero legado de una científica no se mide solamente por lo que descubre, sino por las mentes que inspira a seguir descubriendo”, reflexiona.
Su horizonte proyecta profundizar los estudios sobre hongos y micotoxinas, avanzar en alternativas de control biológico y explorar nuevos campos de la contaminación alimentaria. Su trayectoria demuestra cómo el conocimiento, incluso cuando comienza con organismos microscópicos, contribuye a resolver grandes desafíos de la sociedad y fortalece la ciencia paraguaya.
Por: Lic. Viviana Orrego (viorrego@rec.una.py)
Edición: Lic. Juan Paciello (jpaciello@rec.una.py)
Fotografías: Gentileza
