A las 4:30 de la madrugada del 9 de febrero, algo lo despertó. No fue el despertador ni el ruido de la calle. Fue un mensaje. Del otro lado del teléfono, su tutora en Italia le enviaba la captura del correo que confirmaba lo impensado: su selección para la prestigiosa beca Marie Curie. Entre miles de candidaturas en el mundo, el egresado de la Facultad de Ciencias Químicas de la Universidad Nacional de Asunción (FCQ-UNA) había alcanzado el cupo.
Así comenzó uno de los capítulos más importantes en la vida de Hamoudi Ghassan Awde Alfonso. Pero su historia empezó mucho antes. Y no en Europa.
Deporte, música y farmacia: una vida apasionada
Fuera del laboratorio, Hamoudi es profesor de jiujitsu, improvisa rap, actúa, hace reír y emprende. Se define como alguien “adicto a vivir”. Su rutina es una búsqueda constante por llevar mente y cuerpo al límite: entrenar, aprender habilidades nuevas, desarrollar su cerebro “en toda faceta humanamente posible”.
Su llegada a la carrera tampoco fue lineal. Primero tuvo la intención de estudiar Medicina, pero no se animó al ingreso. Luego intentó Bioquímica, sin alcanzar el puntaje. Terminó en Farmacia casi por azar y, cuando se dio cuenta, ya sentía una profunda vocación por la profesión.
Durante su paso por la UNA entendió algo clave: las habilidades blandas y la diplomacia son tan importantes como el conocimiento técnico. “Uno se queja un rato, se seca las lágrimas y ejecuta”, resume, con una filosofía que mezcla disciplina, resiliencia y sentido práctico.
“Ciencia loca”
De niño quería ser como Dexter, el personaje del dibujo animado que tenía un laboratorio secreto; aunque siempre supo que, para hacer ciencia de frontera, tendría que salir al exterior.
Hoy ese sueño se materializa en la Università di Parma, en Italia, donde realizará un postdoctorado centrado en una pregunta concreta: ¿se pueden tratar enfermedades oculares sin necesidad de inyecciones dentro del ojo?
Su respuesta es ambiciosa. Pretende trabajar con sistemas nanotecnológicos combinados con iontoforesis —una corriente eléctrica leve y controlada— para mejorar la penetración de medicamentos en el ojo. En palabras simples: desarrollar una alternativa menos invasiva, más cómoda y potencialmente más segura que las inyecciones intraoculares.
“Hay terapias que hoy requieren inyectar el ojo. Eso es incómodo y riesgoso. Mi propuesta es una metodología más accesible”, explica. Esa «ciencia loca» de la infancia es hoy una propuesta de vanguardia.
¿Qué son las nanopartículas y por qué importan?
Hamoudi trabaja con nanopartículas lipídicas. Lo traduce así: “Imaginemos bolitas de grasa, pero extremadamente pequeñas, que pueden transportar medicamentos de manera mucho más eficiente que los métodos tradicionales”.
Esta tecnología podría ser clave para enfermedades como el glaucoma, una de las principales causas de ceguera en el mundo. Tratamientos más fáciles de aplicar y con menos efectos adversos mejora la actitud de cada paciente durante todo el proceso. Y sostener el tratamiento es, muchas veces, la diferencia entre conservar o perder la visión.



En Paraguay, donde miles de personas mayores enfrentan problemas visuales, el desarrollo de soluciones eficaces no es un lujo académico: es una necesidad sanitaria. “La visión nos permite apreciar lo hermoso de nuestro mundo. Es imperativo protegerla”, afirma.
Ciencia que se vuelve producto
Además de su faceta como investigador, Hamoudi conoce el mundo de la industria farmacéutica. Para él, la ciencia no debe quedarse en el laboratorio.
Aquí aparece un concepto clave: transferencia tecnológica. Es el puente entre la universidad y la empresa. La academia genera conocimiento; la industria lo transforma en productos que llegan a la población.
Actualmente, desde la FCQ-UNA, coordina procesos de vinculación entre academia e industria, buscando que investigaciones paraguayas se conviertan en soluciones reales y competitivas. Su apuesta es clara: ingeniería de materiales, nanomateriales, modelado molecular, inteligencia artificial y hasta blockchain aplicados a procesos industriales.
También es cofundador de Arandutec, una iniciativa que acompaña a mentes creadoras en la transformación de ideas en modelos de negocio viables. “La rueda económica debe moverse a través de la innovación”, sostiene. Para Hamoudi, la ciencia aplicada puede generar recursos que, a su vez, financien otras investigaciones. Un círculo virtuoso.
Las batallas invisibles
Detrás del logro internacional hay una historia personal marcada por desafíos profundos. Creció en un entorno familiar complejo, con episodios de violencia que dejaron huellas emocionales. La sensación de “no ser suficiente” lo acompañó durante años y derivó en una depresión clínica que, según cuenta, enfrenta día a día.
También reconoce limitaciones estructurales: la necesidad de salir del país para acceder a conocimiento de vanguardia y la falta de herramientas académicas sólidas en etapas tempranas de formación, que obligaron a recurrir al autodidactismo. ¿Quiénes lo sostuvieron? Su madre, su familia y sus amistades, quienes están a su lado en cada paso.
“Ore vale”
Ser seleccionado para una beca Marie Curie no es solo un logro personal. Para Hamoudi, es un mensaje colectivo. “Esto va para toda la población paraguaya: ore vale. Somos mucho más de lo que creemos”, afirma.
A quienes hoy dudan de sus propias capacidades, les deja una reflexión: la dificultad no es enemiga, es entrenamiento. “El diamante se forja bajo presión. Si la vida fuese fácil, sería aburrida”.
Su camino demuestra que la ciencia paraguaya puede competir en los escenarios más exigentes del mundo y que los sueños pueden convertirse en proyectos capaces de cambiar la vida de miles de personas.
Redactado por: Lic. Viviana Orrego, comunicadora.
Editado por: Juan Paciello, comunicador.
